LIMOSNAS Y PERJUICIOS
Siento la mirada burlona, prejuiciosa y jusgante de los que pasan por mi frente. Algunos le dan unos centavos, otros simplemente desarrollan muecas de disgusto en sus rostros.
Mendigando, pidiendo limosnas en las calles, y en los vagones de los trenes, así se le pasan a los días a quien ahora me tiene como inquilino mental.
Pero esas miradas de repudio, de lastima, de asco y desprecio, me desmoralizan y me castigan. Yo sé que no son dirigidas a mi, pero estoy en este cuerpo y siento lo que él siente.

Siento el placer y el infierno de su vicio, siento su desesperación y sus ganas de acabarlo todo. Siento su falta de fuerza para vencer sus demonios, siento su impotencia, y su miedo.
Este hombre vive en una oscuridad más áspera y desesperante que la mía. Vive sin esperanzas, no tiene anhelos, y aparentemente se le gastaron los sueños. A mí por lo menos me queda la esperanza de que algún día recobraré la memoria y que esta no será mi última estación, porque si este soy yo, si esta es mi vida real, entonces casi todo está perdido.
¡Coño no había pensado en esa posibilidad!
Mendigando, pidiendo limosnas en las calles, y en los vagones de los trenes, así se le pasan a los días a quien ahora me tiene como inquilino mental.
Pero esas miradas de repudio, de lastima, de asco y desprecio, me desmoralizan y me castigan. Yo sé que no son dirigidas a mi, pero estoy en este cuerpo y siento lo que él siente.

Siento el placer y el infierno de su vicio, siento su desesperación y sus ganas de acabarlo todo. Siento su falta de fuerza para vencer sus demonios, siento su impotencia, y su miedo.
Este hombre vive en una oscuridad más áspera y desesperante que la mía. Vive sin esperanzas, no tiene anhelos, y aparentemente se le gastaron los sueños. A mí por lo menos me queda la esperanza de que algún día recobraré la memoria y que esta no será mi última estación, porque si este soy yo, si esta es mi vida real, entonces casi todo está perdido.
¡Coño no había pensado en esa posibilidad!


