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Friday, August 25, 2006

LIMOSNAS Y PERJUICIOS

Siento la mirada burlona, prejuiciosa y jusgante de los que pasan por mi frente. Algunos le dan unos centavos, otros simplemente desarrollan muecas de disgusto en sus rostros.
Mendigando, pidiendo limosnas en las calles, y en los vagones de los trenes, así se le pasan a los días a quien ahora me tiene como inquilino mental.
Pero esas miradas de repudio, de lastima, de asco y desprecio, me desmoralizan y me castigan. Yo sé que no son dirigidas a mi, pero estoy en este cuerpo y siento lo que él siente.
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Siento el placer y el infierno de su vicio, siento su desesperación y sus ganas de acabarlo todo. Siento su falta de fuerza para vencer sus demonios, siento su impotencia, y su miedo.
Este hombre vive en una oscuridad más áspera y desesperante que la mía. Vive sin esperanzas, no tiene anhelos, y aparentemente se le gastaron los sueños. A mí por lo menos me queda la esperanza de que algún día recobraré la memoria y que esta no será mi última estación, porque si este soy yo, si esta es mi vida real, entonces casi todo está perdido.
¡Coño no había pensado en esa posibilidad!

Tuesday, August 22, 2006

DESCUIDADO Y MALOLIENTE

Que difícil ha sido esta existencia desde que se me consumieron los recuerdos. Me gustaría recordar aunque sea malos momentos. Estaría dispuesto a revivir hasta los más crueles episodios que talvez me tocó vivir. Talvez de esa manera podría sentir que alguna vez estuve vivo o por lo menos que fui mas real de lo que ahora soy.
Este lugar, este retazo de tiempo que estoy experimentando, no es muy alentador, es deprimente, caótico e inmundo.
Unas paredes mal pintadas, descascaradas, y sucias, dominan el ambiente de este cuarto pequeño y apestoso. Un olor a orine añejado me produce nauseas y miedo. No estoy solo, tirado en el piso hay cuatro personas a las cuales no parece molestarle la podredumbre con la que se viste este pequeño aposento. Pero yo también sigo aquí, sin ánimos ni fuerzas de salir corriendo.
¿Por qué sigo aquí, porque no me he ido?
Mi ropa esta tan sucia como la de los que comparten el cuarto conmigo. Mis pantalones están tapizados de manchas, de sucio y de un insoportable olor a descuido.
¿Por qué sigo aquí, porque no me he ido?
La jeringa en mi brazo me dio la respuesta.
¡Que maldición! Estoy viviendo en el cuerpo de un adicto. Esa es la razón por la que sigo aquí, en este cuarto asqueroso y deplorable. Esa es la razón por la que ropa apesta a orine, a descuido y porquerías dañadas.
¿Quién Serra este desdichado a donde ahora mismo resido?